lunes, 24 de junio de 2013

Me han comentado que escribo de una forma particularmente desorganizada, que mis entradas son vueltas adelante y hacía atrás continuas. Es cierto no lo puedo negar, pero todo lo que cuento sale del movimiento involuntario de mi mano cuando coge un bolígrafo junto con la compulsividad de mi cerebro, y lo peor es que estos no se ponen de acuerdo a la hora de plasmar mis recuerdos y sentimientos de una forma ordenada.

También sé que no se me da demasiado bien la escritura, de hecho, si lo pienso no se como he podido llegar a escribir todo esto, es más, cuando releo lo que hago me parece que no vale para nada e incluso no llego a comprender el como puede haber gente que lea el blog, quizás me exijo demasiado, siempre me ha pasado.

Ya por último me gustaría agradeceros a todos que leáis mis caóticas historias, aunque lo seguiría haciendo si no lo viese nadie, puesto que para mi esto es como una terapia, un desahogo donde puedo hablar de todo lo que siento y pienso en cada momento.

viernes, 14 de junio de 2013

No me gusta nada hablar de la muerte, de hecho no conozco prácticamente a nadie que lo haga. Es un tema que me produce una ansiedad incontrolable y un malestar tan intenso que no podría ni explicar.

La muerte es la finalización de las actividades vitales de un organismo, es decir, un proceso que tarde o temprano experimentaremos todos. Es difícil de comprender pero está claro que somos seres programados para morir.

Dicho esto, siempre me he planteado la siguiente cuestión ¿Por qué la sociedad no nos prepara para ello? Creo que lo veríamos como algo natural si nos hablasen de ello con normalidad desde bien pequeños, pero en cambio ocurre todo lo contrario, es como un tema tabú, algo que está prohibido mencionar y al que todo el mundo teme.

Me gustaría que en el ámbito familiar y personal pero sobre todo en el escolar y social, que es el que a mi me concierne profesionalmente, se nos diera la oportunidad de al igual que se educa y forma en temas de política, salud, medioambiente y muchos otros, también pudiésemos abordar este que es de igual o incluso mayor importancia, ya que la muerte es algo que podemos observar a nuestro alrededor cotidianamente.


Estoy más que segura que si nuestra visión hacia ella cambiara, viviríamos más felices y con menor estrés y preocupación de que llegase ese momento para nosotros o nuestros allegados.

viernes, 7 de junio de 2013

La escuela de un hospital debe ser un lugar maravilloso, y la nuestra está claro que  lo era. Cuando llegué ya estaba todo hecho, como quien dice, pero sé que los comienzos no fueron nada fáciles y que la implicación continua de una gran luchadora hizo que en la actualidad sea quizás el punto de encuentro más bonito en el que haya estado nadie en esa situación.

El espacio no era muy amplio, pero misteriosamente allí siempre había de todo. Las estanterías estaban repletas de libros, montones de juegos y puzzles para todas las edades. No faltaban ni juegos  para los más pequeños. De hecho eran las propias familias de los niños ingresados las que donaban parte del material para que nunca faltase de nada.

También estaba equipada con unos cuantos ordenadores de mesa para entretenimiento de los mayores y consultas puntuales, e incluso ordenadores y reproductores DVD portátiles para los que no pudiesen salir de la habitación. Todo ello obsequio de determinadas organizaciones y empresas.


Pero mi espacio habitual y favorito eran aquellas mesas. Ahí es donde pasé el mayor tiempo de mi aventura. Reí, lloré, recibí noticias buenas y malas, pero sobre todo aprendí y me formé. Esas 4 mesas me acompañaron en prácticamente toda mi vivencia allí. En ocasiones las echo de menos, pero sobre todo a los que las rodearon durante esos dos intensos años.