Nunca podré borrar de mi cabeza esa imagen, la recordaré mientras mi caótica mente me lo permita. Fue doloroso, sin duda, pero saqué fuerza,¿de donde? no se. Es muy duro buscar palabras de consuelo cuando sabes que de nada servirán, parecido a lo que sientes cuando mientes, como una traición hacia la otra persona. Quizás esos minutos fueron los más difíciles que he pasado nunca, un reto poco oportuno, de esos que no avisan y que menos aún esperabas.
Él, cansado de la vida y muy cabreado con la situación, parecía saberlo todo pero a la vez no saber nada. Siempre arisco, en cambio en aquel instante feliz, como si predijera que ya no iba a sentir más dolor.
Ese abrazo, tan lleno de vida...nunca antes no tocáramos, y ya nunca más lo hicimos. Fue una despedida, aunque no lo comprendí hasta pasados los días.
Es complejo fingir alegría o al menos normalidad cuando te encuentras desbordado por la tristeza, pero es mas fuerte el ver que si no lo haces podría sufrir alguien al que quieres demasiado, más de lo que creías hasta entonces.
Lo que rogaba evitar que ocurriese, pasó. Sabía que sería así, tarde o temprano llegaría. Tenía miedo al sufrimiento, impotencia por no poder cambiar el destino y dolor al ser consciente de que ya no lo vería más.
Alguien muy sabio me dijo una vez que uno no muere mientras permanezca en nuestro recuerdo, y os aseguro que el siempre estará en el mio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario